El trigo en la región núcleo atraviesa uno de sus mejores arranques en años. La condición del cultivo es excelente a muy buena, las reservas de humedad van de adecuadas a abundantes y el 47% de los lotes ya está macollando, según el último informe GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario. Otro 45% está en foliación y un 3% todavía emergiendo.
Con ese panorama, la pregunta que se hacen los técnicos de la región es hasta dónde puede llegar el cereal. Repetir los 60 quintales por hectárea de promedio del ciclo pasado —la mejor campaña de la historia— hoy no parece posible. Alcanzar e incluso superar los 50 quintales, en cambio, aparece como la gran meta de este ciclo triguero.

“Fue de lejos la mejor campaña de la historia”
En Carlos Pellegrini responden que el cultivo “está en condiciones de expresar todo su potencial”. En General Pinto creen que puede alcanzarse “una campaña de muy buenos rendimientos, quizás acercándose a la anterior”. Los técnicos de Bigand son más escuetos: “están dadas las condiciones”.
La lectura más cauta llega desde Pergamino. “Es algo muy ambicioso”, plantean sobre la posibilidad de igualar el ciclo anterior. “Nos conformaría que esté 10 o 15% por debajo de la pasada. Eso ya sería maravilloso”.

El nitrógeno, la limitante que puede pesar más que las lluvias
Varios técnicos advierten que el freno podría no venir del agua sino de la fertilización. El precio alto de la urea al momento de la siembra llevó a muchos productores a reducir las dosis iniciales. Con el fertilizante más barato y mejores perspectivas de lluvias, ahora se evalúa refertilizar durante el macollaje, y algunos ya empezaron.
Los números muestran la brecha. En Carlos Pellegrini y María Susana, el año pasado se aplicaron entre 250 y 300 kilos de urea por hectárea; este año la mayoría arrancó con 180 a 200. En Bigand, las dosis del ciclo anterior oscilaron entre 200 y 250 kilos, y este comenzaron con apenas 100 a 150. En Pergamino ya arrancaron las aplicaciones complementarias y esperan terminar con niveles similares a los de la campaña pasada.
Un “Niño” fuerte por delante: oportunidad y riesgo a la vez
Las lluvias extra a partir de la primavera, sobre todo en octubre, cuando se define el rinde triguero, son una oportunidad. También traen incertidumbre: la roya, una enfermedad asociada a años húmedos y templados, y el temido lavado de grano si llueve mucho en noviembre.
Ya gastamos en una urea de 900 a 1000 dólares, y el trigo es una carrera de obstáculos. Heladas tardías, calor, granizo o excesos de agua en noviembre que pueden afectar el peso de los granos. Veremos en agosto.
Técnicos de General Pinto, en el informe GEA
Cuánta agua recibió el trigo: 2025 contra 2026
La carga de agua fue parecida en ambos ciclos, con una distribución muy distinta. Entre el 1 de junio y el 15 de julio, el promedio de las 36 estaciones de GEA/BCR fue de 29,5 milímetros en 2025 y de 33,7 milímetros este año, levemente a favor del ciclo actual.
El contraste es llamativo: en la primera quincena de julio de 2025 llovió más de lo habitual, sobre todo en el oeste de la región núcleo, donde los acumulados duplicaron y casi triplicaron las medias históricas. La segunda quincena llovió todavía más y dejó a julio de 2025 como el más lluvioso de los últimos 40 años. Este año, en cambio, fue junio el que dejó montos sorpresivos en el oeste de la región.

Vuelven las lluvias y baja la temperatura
El informe anticipa lluvias en la región desde el viernes 17 y con intermitencias hasta el lunes 20, junto con un descenso de temperatura desde el sábado. “La primera quincena de julio concluye con un balance pluvial deficitario, pero sin riesgo para los cultivos de la región pampeana”, resume el consultor Elorriaga en el reporte.
El informe completo se puede consultar en el sitio de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario.